La mejor edad para un móvil.

By: staff dvlum | 20 may 2016

Todas las familias que tienen hijos en primaria (de 9-10 años) se preguntan qué regalarles a sus hijos.

Antes, hace mucho el regalo rey de la primera comunión era la bicicleta. Seguro que todos tenemos, en nuestros álbumes de fotos, alguna de un niño o de una niña, de unos 7 años contento con una flamante bici nueva al lado.

Ahora, si hiciéramos una rápida encuesta entre los niños, seguramente ganaría por goleada el móvil. Y, ante la presión de los niños y las ganas de complacerles, el debate no es si regalárselo o no, sino quién se lo regala y cuál le conviene más.

Y este debate no sólo afecta a las familias, sino que se extiende a todas. Porque, el efecto mimético se impone y ningún niño o niña quiere dejar de tener un móvil, si ve que “todos sus amigos y amigas lo tienen”, que es el típico argumento que utilizan para ejercer una presión -literalmente insoportable- ante sus sufridos progenitores.

Muchos expertos recomiendan no dar a los hijos un móvil inteligente (con acceso a Internet) hasta los 14 años. Pero me parece que ésa no es una postura realista. Otros hemos logrado aguantar hasta los 12 años, con ocasión del paso de Primaria a Secundaria, como si se tratara de un rito iniciático a la pubertad. Pero es cierto que el deseo y la presión de los hijos para tenerlo se adelanta cada vez más.

¿Debe tener móvil un niño de 10 años? Depende. Me atrevería a decir que, en general, no. Pero siempre habrá un padre o madre que diga que es necesario, para poder avisarle o tenerle localizado ante cualquier incidencia familiar, en un mundo en el que la conciliación es poco menos que un ejercicio de malabarismo. No obstante, la excepción confirmaría la regla de que, en principio, un niño de 10 años no necesita un móvil.

Muchos expertos recomiendan no dar a los hijos un móvil con acceso a Internet hasta los 14 años

Y no necesita un móvil, precisamente, porque no tiene un problema de movilidad. Es decir, un niño o niña de 10 años suele estar en casa o en el colegio, o en casa de algún amigo o en el patio de casa o en un parque cercano. No necesita estar permanentemente localizable, porque está permanentemente localizado. Y puede utilizar otros dispositivos digitales para jugar (tableta, consola u ordenador).

Por lo tanto, la pregunta no es si un niño de 10 años debe tener un móvil, sino a qué servicios puede acceder desde el móvil (básicamente, aplicaciones de redes sociales y mensajería, como Whatsapp y Snapchat, que es por lo que lo quieren) y si están preparados para ellas o si pueden resultar perjudiciales para sus estudios y para su desarrollo personal.

 

Los riesgos

No se trata de ser alarmistas, sino de informar sobre los riesgos que existen para los menores en las redes sociales y que de vez en cuando aparecen en las noticias; como la que recientemente nos sobresaltaba de que en Reino Unido hay niños de apenas siete años que ya utilizan las redes sociales para hacer sexting (compartir mensajes, fotografías e, incluso, vídeos de contenido sexual).

El mayor de todos ellos, en gravedad y número de noticias, es el llamado groomingsextorsión que cometen algunos adultos haciéndose pasar por chicos de su edad para luego coaccionarles.

 

Desde el punto de vista legal, el Reglamento de Protección de Datos dice (art. 13) que el tratamiento de datos de los menores de 14 años requiere el consentimiento de sus padres, pero la realidad es que son pocas las redes sociales y los servicios de mensajería que verifican la edad de sus usuarios y son pocos, también hay que decirlo, los padres que se preocupan por lo que hacen sus hijos con los móviles.

Por eso, antes de regalarle un móvil a un niño o una niña de 10 años, convendría hacer una especie de preparación digital o negociar con ellos unos “Términos y Condiciones de Uso”, como las reglas que una madre estadounidense redactó y se hicieron virales en internet.

Los 'diez mandamientos' del móvil para los niños, según el autor.

Los ‘diez mandamientos’ del móvil para los niños, según el autor.

 

Control parental

Por supuesto, ahí no acaba la cosa, sino que empieza; porque habrá que hacer un seguimiento del cumplimiento del contrato o acuerdo, o de las reglas o los términos y condiciones de uso del móvil, y aplicar las consecuencias que se hayan previsto para los incumplimientos, que los habrá.

Mucho se ha escrito sobre la dificultad que tienen los padres de velar por sus hijos en internet, respetando al mismo tiempo su progresivo derecho a la intimidad, pero una reciente sentencia del Tribunal Supremo, afirma que no puede el ordenamiento hacer descansar en los padres unas obligaciones de velar por sus hijos menores y, al mismo tiempo, desposeerles de toda capacidad de control.

Ahora bien, ello no autoriza a los padres a monitorizar o espiar, sin el conocimiento y consentimiento de sus hijos, toda su actividad digital, instalando aplicaciones de “control parental” muy intrusivas, que, además, desde el punto de vista educativo no fomentan su autocontrol y responsabilidad.

 

El mejor control parental no es el tecnológico, sino la educación, la confianza y la comunicación desde pequeños.

 

 

Por: ElPaís